La judicialización de la política logra también ridículas manifestaciones y Ecuador está alcanzando el cenit.
Las crónicas policiales destacan -en asaltos a bancos, financieras, grandes empresas- exitosos resultados: murieron dos, cuatro, ocho, once delincuentes. Nadie quedó vivo, si alguno fugó, por excepción, mas tarde fue encontrado y «cayó en otra balacera».
En Ecuador se va imponiendo la doctrina y la práctica destinadas a «modernizar» el Estado hasta convertirlo en Estado ausente.
La construcción del oleoducto de crudos pesados involucra todos los aspectos de la vida social. La participación del Cuerpo de Ingenieros del Ejército (CIE) ha puesto en discusión el nuevo papel de las Fuerzas Armadas.
La dolarización aporta recursos a la economía emisora. A más del señoreaje, los de una inflación superior al 100% y fundamentalmente las contrataciones que obtenga en el futuro inmediato.
El Congreso Nacional resolvió no conocer la petición del Presidente de la CSJ encaminada a requerir un paso procesal para el enjuiciamiento al ex-Presidente Mahuad por miedo a la anulación de los juicios planteados contra el ex-Presidente Abdalá Bucaram.
Se abisma más allá de la crisis económica. La pendiente cuestiona su existencia. Es inconmensurable la pérdida de recursos y condiciones de reproducción de su riqueza social. La pretendida soberanía agoniza anestesiada y premeditadamente.
Despachos de prensa para América Latina cubrieron las primeras planas: «¡Fraude!», «Fujimori camina hacia la ilegalidad». Fue la declaración de un portavoz del Departamento de Estado que «pidió no ser identificado».
El proceso electoral del 21 de mayo deja lecciones.
Gustavo Noboa podría arbitrar en función de intereses nacionales. Su presencia en la conducción de la República no debe circunscribirse a la ruleta que maneja la banca y el aparato financiero ecuatoriano. Noboa es el producto mas visible de lo que él mismo denominó «el caos del 21 de enero».