El sentimiento corresponde a cada uno de los intereses de la nación.
Una población que se agota así misma por miedo a la impotencia colectiva está frente a la omnipotencia de la trinidad, banca-Estado-medios, de este inicial 2001.
El diálogo Gustavo Noboa-gobierno/Antonio Vargas-CONAIE, bajo condiciones de fuerza, es otro síntoma de la vetustez del poder y su desmesurada presencia, la estrecha representatividad gubernamental y el reducido e íntimo círculo de intereses que ejercita el gobierno.
Cuando la Iglesia Católica había alcanzado el cenit de su fortaleza “cristianizó” a los pueblos aborígenes de América. El método fue una práctica cuyo nombre estremece la historia del dolor, la Inquisición.
La tragedia presente de Ecuador exhibe el frenesí de una política prostituida. El esfuerzo estatal se orienta a la búsqueda de mejorar “los honorarios” para esa degradación. No existe estrategia a la que puedan ser convocados todos los ecuatorianos y su esfuerzo.
El informe del Presidente al Congreso Nacional estuvo enmarcado en la denuncia del período de Jamil Mahuad. Denuncia que sirvió para encubrir la continuación de esa política, la representación de los mismos intereses que usaron al derrocado Presidente y lo convirtieron en desechable.
Durante este año, se agravaron las circunstancias de existencia de Ecuador, a pesar del aparente restablecimiento de índices macroeconómicos.
El juicio fue un relámpago que reveló la subordinación del Estado y sus funciones al aparato bancario y sus confrontaciones. Demostró el fraccionamiento de un sector del poder económico representado en el sistema político y sus nexos, manipulaciones y control sobre los medios de comunicación colectiva.
Estado que pierde su moneda, pierde la política. Más aún, si lo hizo desde la desesperación de un decadente poder que la ofreció a cambio de su permanencia en los negocios de un país que renunció a su soberanía.
Es la afirmación de pueblos que así decantan su experiencia, al margen de la voluntad, la conciencia y el arbitrio.